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El Consumo de Soja y el Riesgo de las Enfermedades
Crónicas.
Por el Dr. Mark Messina.
Durante los últimos 10 años el frijol de soja ha sido
objeto de investigación intensa por su rol potencial en la prevención
e incluso el tratamiento de una gama de enfermedades crónicas.
Además, existe mucho interés en los alimentos elaborados
con soja como alternativas a las terapias convencionales de reemplazo
hormonal (HRT de sus siglas en inglés. Nota del Editor). Una
forma de evaluar el interés científico en la soja es considerar
el incremento en los fondos asignados por las agencias gubernamentales
de los Estados Unidos a lo largo de la década pasada. En 1990,
fueron financiados sólo 9 estudios que se ocupaban de algún
aspecto de la la soja; en 2002, el número se había incrementado
hasta 92.
Hasta ahora, y no debería sorprendernos, no se han conducido
grandes ensayos clínicos aleatorizados, multi-céntricos,
multi-años sobre la soja y que se enfoquen sobre eventos mórbidos
o resultados (verbigracia, infartos cardíacos, muertes coronarias).
La complejidad y el costo de tales ensayos limitan dramáticamente
el número de tales estudios que puedan realizarse. Consecuentemente,
las evaluaciones de los beneficios de la soja sobre la salud se basan
en una variedad de otros tipos de investigaciones, incluyendo estudios
animales y epidemiológicos, y aquellos ensayos clínicos
relativemente cortos que utilizan indicadores o marcadores de enfermedad,
tales como las cifras de colesterol sérico, la densidad mineral
ósea, y los niveles del antígeno prostático específico.
Estos tipos de evidencias nos sirven evaluar hasta qué punto
se puede sostener una determinada hipótesis, pero no nos permiten
extraer conclusiones definitivas. Las recomendaciones dietéticas
emanadas de organizaciones de salud respetadas, tales como la Asociación
(Norte)Americana de Cáncer (ACS, de sus siglas en inglés.
Nota del Editor) y la Asociación (Norte)Americana del Corazón
(AHA, de sus siglas en inglés. Nota del Editor), se basan primariamente
en estos tipos de datos. El objetivo de este artículo es resumir
el nivel relativo de sostén científico que existe para
los efectos protectores de la soja en 4 áreas específicas-enfermedad
coronaria, osteoporosis, cáncer de mama, y cáncer de próstata.
Enfermedad Coronaria.
La enfermedad coronaria (CHD de sus siglas en inglés. Nota del
Editor) sigue siendo el asesino Número 1 de la nación.
Según la Asociación (Norte)Americana del Corazón,
se estima que cerca de 13,000,000 norteamericanos padecen de CHD, y
que más de 500,000 norteamericanos mueren a causa de esta enfermedad
cada año [1]. Los factores de riesgo incluyen la edad, la obesidad,
el tabaquismo, la hipertensión arterial, y la hipercolesterolemia.
Los efectos hipocolesteromiantes de la proteína de soja se demostraron
por primera vez en seres humanos en 1967 [2]. Hasta 1995, se han conducido
casi 40 ensayos clínicos, pero este conjunto de resultados fue
prácticamente ignorado hasta que Anderson y sus colegas publicaron
un meta-análisis en ese año sobre los efectos hipocolesteromiantes
de la proteína de soja [3]. Los ensayos incluidos en esta meta-análisis
formaron el grueso de la investigación sobre la que la Administración
de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA de sus siglas en inglés.
Nota del Editor) basó su decisión en 1999 de avalar un
reclamo de salud para la proteína de soja [4]. Un año
más tarde, la Asociación (Norte)Americana del Corazón
endorsó el uso de alimentos elaborados con soja para sujetos
con colesterol elevado [5], y en 2002, un reclamo de salud para la proteína
de soja fue aprobado en el Reino Unido. Los efectos hipocolesteromiantes
de la proteína de soja se deben a la proteína en sí,
y no debido a que los alimentos elaborados con soja sean bajos en grasas
saturadas y libres de colesterol.
El meta-análisis citado previamente encontró que la reducción
promedio del Colesterol asociado a las lipoproteínas de baja
densidad (LDL-C) fue del 12.9% [3], pero nuevos datos sugieren que cabe
esperar una reducción del 4-5% [6]. La reducción en el
colesterol en respuesta a la proteína de soja tiene implicaciones
clínicamente relevantes para la Salud Pública, ya que
una reducción del 1% en el colesterol reduce el riesgo de CHD
tanto como un un 3-4% [7-9]. Además, también parece que
la proteína de soja incrementa modestamente los niveles del Colesterol
asociado a las Lipoproteínas de alta densidad (HDL-C) [6]. Los
autores de un meta-análisis reciente de los efectos de la proteína
de soja sobre el colesterol estimó que una modesta reducción
en la LDL-C, y un incremento de la HDL-C, respectivamente, podrían
reducir la CHD en un 20%. Asimismo, Jenkins y sus colegas demostraron
recientemente que la proteína de soja, en combinación
con otras medidas dietéticas para reducir el Colesterol, tales
como fitoesteroles y la fibra soluble, pueden producir efectos similares
a los de las drogas hipocolesteromiantes [10].
La FDA concluyó que la cantidad de proteína de soja necesaria
para la reducción del colesterol es de 25 gramos/día.
A modo de comparación, el consumo promedio diario de proteína
de soja de un japonés es alrededor de 9-11 gramos [11, 12]. El
Programa Nacional de Educación del Colesterol reconoció
un rol beneficioso para los alimentos elaborados con soja como sustitutos
de los alimentos ricos en grasas saturadas y colesterol, pero no hizo
recomendaciones específicas para el ingreso de proteína
de soja, alegando incertidumbres en lo que se refiere a la cantidad
necesaria para reducir los niveles de colesterol. Messina sugirió
recientemente que menos de 25 gramos diarios de proteína de soja
pueden ser necesarias para la reducción del colesterol [13].
Además del efecto hipocolesteromiante de la proteína
de soja, varios estudios recientes han encontrado que la proteína
de soja es hipotensora [14]. Una reciente revisión concluyó
que las dos terceras partes de los ensayos clínicos aleatorizados
demostraron reducciones en la presión arterial en respuesta a
la ingestión de alimentos elaborados con soja, encontrándose
los resultados más impresionantes en los ensayos mejor controlados
y en los pacientes hipertensos [15]. Aunque hace falta mucha más
investigación antes de arribar a conclusiones definitivas, los
beneficios potenciales para la Salud Pública no deben subestimarse,
porque reducir la presión arterial sistólica en 2-5 mm
Hg puede reducir el infarto cerebral y la CHD disease entre 6 - 14%,
y 5 - 9%, respectivamente [16].
Además de la proteína de soja, las isoflavonas del frijol
de soja pueden tener beneficios coronarios. El frijol de soja es, esencialmente,
una fuente dietética única de isoflavonas, un grupo de
fitoquímicos difenólicos comúnmente referidos como
fitoestrógenos debido a sus efectos estrogénicos débiles
[17, 18]. La genisteína y la daidzeína son las 2 isoflavonas
más importantes en el frijol de soja [19]. Datos considerables
sugieren que las isoflavonas son moduladores selectivos de los receptores
a estrógenos, al igual que medicamentos como el tamoxifeno y
el raloxifene [20, 21]. Esto es, ejercen efectos estrogénicos
en algunos tejidos, pero no lo tienen en otros, ni tampoco efectos anti-estrogénicos
en ellos. Sin embargo, las isoflavonas también tienen efectos
no-hormonales potencialmente importantes [22].
Algunos datos sugieren que las isoflavonas tienen efectos beneficiosos
directos sobre los vasos sanguíneos. Esto pudiera ser tan importante
como el efecto hipocoleresteromiante de la proteína de soja en
la reducción del riesgo de desarrollar CHD. Tres estudios encontraron
que las isoflavonas aisladas incrementaron la tolerancia arterial sistémica
(SAC de sus siglas en inglés) [23-25]. Se piensa que la SAC,
que se corresponde con la elasticidad de los vasos sanguíneos,
y puede medirse no-invasivamente, sea un predictor independiente de
la CHD [26]. Además de los efectos posibles de las isoflavonas
sobre la SAC, las investigaciones sugieren que las isoflavonas pueden
ejercer efectos favorables sobre la función endotelial. Por ejemplo,
un ensayo de 6 meses conducido recientemente en Italia encontró
que los suplementos de genisteína ingeridos por mujeres postmenopáusicas
mejoraron notablemente la dilatación mediada por el flujo (FMD),
que es controlada por el endotelio, la capa única de células
que recubre el interior de los vasos sanguíneos [27]. Se cree
que la afectación de las funciones endoteliales contribuye a
la ateroesclerosis [28, 29]. Se ha encontrado que la proteína
de soja rica en isoflavonas también mejora la FMD [30]. Sin embargo,
otros estudios no han concluido que la proteína de soja o las
isoflavonas afecten la FMD [15, 31].
Finalmente, algunos datos sugieren que la proteína de soja rica
en isoflavonas inhiben la oxidación de la LDL-Colesterol [32-34]
y afectan favorablemente otros factores de riesgo de CHD [35, 36], pero
hasta ahora los estudios han sido inconsistentes en este aspecto. En
apoyo de los beneficios coronarios múltiples de la soja están
los resultados de un estudio prospectivo que involucra más de
64,000 mujeres chinas [37]. En este estudio, las mujeres que consumieron
al menos 11.19 gramos diarios de proteína de soja fueron 86%
menos propensos de sufrir un infarto no fatal del miocardio, en comparación
con las mujeres que ingirieron menos de 4.5 gramos diarios.
Osteoporosis.
Las tasas de fractura de la cadera son más elevadas en los países
desarrollados que en los no no-desarrollados, aunque hasta qué
punto la dieta explica estas diferencias es oscura [38]. La osteoporosis
afecta a alrededor de 25 millones de personas en los Estados Unidos
y es responsable de 1.5 millones nuevas fracturas cada año. Se
estima que la osteoporosis le costará a la sociedad un estimado
de $60 billones para el año 2020 [39, 40]. Como promedio, los
hombres sufren de fracturas aproximadamente 5 años después
que las mujeres [41]. En la menopausia, las mujeres experimentan un
ritmo acelerado de pérdida de masa ósea que es más
aparente en las décadas subsiguientes, y que es responsable de
la pérdida de un 20 - 30% de hueso trabecular, y del 5 - 10%
del hueso cortical [42]. Entre los factores de riesgo de la osteoporosis
se encuentran el tabaquismo, el bajo peso, los bajos ingresos de vitamina
D y calcio, y el sedentarismo [43, 44].
Las bajas tasas de fractura de cadera en los países consumidores
de alimentos elaborados con soja indujeron a especular que la proteína
de soja rica en isoflavonas y las isoflavonas aisladas pueden promover
salud ósea a través de sus efectos estrogénicos.
Sin embargo, los efectos no-hormonales de las isoflavonas pueden ser
también relevantes. Debe hacerse notar que aunque las tasas de
fractura de la cadera en Asia son bajas en relación con el Occidente,
se han propuesto varias explicaciones no relacionadas con las ingestas
dietéticas para explicar estas bajas tasas [45]. Además,
la tasa de fracturas vertebrales en Asia es similar a la del Occidente
[46]. Más relevantes que las comparaciones ecológicas
groseras entre pases asiáticos y no-asiáticos, son los
estudios epidemiológicos dentro de Asia que han encontrado una
densidad mineral ósea más elevada en mujeres que consumen
cantidades de soja mayores que las promedio, en comparación con
aquellas que consumen cantidades promedio o inferiores de soja [46-49].
Varios estudios publicados en los últimos años han examinado
el efecto de las isoflavonas aisladas y de la proteína de soja
rica con isoflavonas sobre la BMD usando roedores ovariectomizados,
un modelo aceptado por la FDA de los Estados Unidos para el estudio
de la osteoporosis [50]. Con pocas excepciones, estos estudios demuestran
que la exposición a las isoflavonas ireduce la pérdida
de masa ósea [46]. El primer ensayo con humanos que brindó
información sobre los posibles beneficios de las isoflavonas
sobre el esqueleto fue publicado por Potter y cols. en 1998 [51]. En
un estudio de 6 meses de duración, las mujeres post-menopáusicas
consumieron 40 gramos de proteína, ya sea en forma de leche evaporada
descremada, aislado de proteína de soja (ISP de sus siglas en
inglés. Nota del Editor) que contenía 56 mg de isoflavonas,
o proteína aislada de soja que contenía 90 mg de isoflavonas.
Aquellas que consumieron los 90 mg de isoflavonas experimentaron un
incremento en la BMD vertebral, mientras que las mujeres que consumieron
leche evaporada descremada perdieron BMD. Los efectos en los mujeres
que consumieron 56 mg de isoflavonas fueron intermedios entre los de
los otros 2 grupos. Similarmente, St. Germain y cols. encontraron en
un ensayo de 9 meses de duración que la ISP rica en isoflavonas
retardó la pérdida de masa ósea vertebral en mujeres
perimenopáusicas, en comparación con mujeres alimentadas
con ISP sin isoflavonas, o proteína de suero [52].
La investigación empleando isoflavonas aisladas de soja es limitada,
pero los resultados sugieren que pueden ser protectoras en las mujeres
postmenopáusicas [53, 54], pero no en las premenopáusicas
[55]. Un estudio encontró que, después de un año
de tratamiento, la genisteína aislada fue realmente tan efectiva
como la HRT convencional en incrementar la BMD en la cadera y la columna
vertebral de mujeres post-menopáusicas [56]. Las mujeres en el
grupo placebo perdieron BMD en ambos sitios. Estos hallazgos son importantes,
porque sugieren que las isoflavonas de la soja pueden ser una alternativa
eficaz a la HRT para mejorar la BMD [57].
Un ensayo de 2 años de duración con mujeres postmenopáusicas
encontró que la ISP rica en isoflavonas mejoró la BMD
vertebral en comparación con la ISP baja en isoflavonas [58].
Este ensayo, aunque reunió a relativamente pocos sujetos, es
importante porque es suficientemente largo para demostrar los cambios
que probablemente ocurran a largo plazo en la BMD [59]. En el momento
actual, se están conduciendo varios ensayos multicéntricos,
multi-años con el uso de las isoflavones. Aún cuando el
efecto estrogénico de las isoflavonas provee un mecanismo por
el cual la soja puede promover salud ósea, los efectos no-hormonales
de las isoflavonas también pueden jugar su papel.
De igual importancia potencial son los estudios que demuestran que
la proteína de soja, cuando sustituye a la proteína animal,
puede tener un efecto beneficioso sobr el sistema esquelético
que es independiente de las isoflavonas. La relación entre el
consumo de proteína dietética y la salud ósea es
compleja. La proteína incrementa la pérdida de calcio
en la orina y esto en su momento sirvió para explicar por qué
ingresos elevados de proteínas dietéticas, especialmente
de proteína animal, se asociaban con riesgo incrementado de fractura
en algunas poblaciones [60-62]. Sin embargo, algunos estudios epidemiológicos
recientes han encontrado que los ingresos proteicos elevados pueden
ser protectores de la salud ósea [63, 64]. Los resultados inconsistentes
pueden tener una base fisiológica.
La proteína es un importante componente estructural del hueso;
por lo tanto, un ingreso adecuado de proteína es necesario para
una salud ósea óptima [65]. Además, algunos estudios
sugieren que las proteínas de alto valor biológico, tales
como la soja, incrementan los niveles séricos del factor de crecimiento
similar-a-la-insulina (IGF), una hormona producida por el hígado
que se piensa estimula la formación de hueso y/o inhibe la resorción
ósea [66]. De la misma manera, como se constató anteriormente,
los ingresos dietéticos elevados de proteína pueden incrementar
el riesgo de osteoporosis al incrementar la excreción urinaria
de calcio.
Este efecto calciúrico de la proteína se le atribuye
principalmente a su contenido en aminoácidos azufrados. El ácido
resultante del metabolismo metabolism de los aminoácidos azufrados
dispara la disolución del hueso, de manera que puedan utilizarse
los agentes tamponantes en el esqueleto [67, 68]. Eventualmente, en
teoría, esta excreción urinaria de calcio incrementada
puede potencialmente conducir a una pérdida sustancial de masa
ósea. Cuando se expresan en mg/g de proteína, las proteínas
difieren marcadamente en las concentraciones de aminoácidos azufrados.
Debido a que las proteínas de las leguminosas tienen una concentración
inferior de aminoácidos azufrados que las proteínas animales,
no es sorprendente que varios estudios muestren que la sustitución
de la proteína animal por proteína de soja reduce la excreción
urinaria de calcio [69-71].
Los resultados de estudios a corto plazo sugieren que la sustitución
de 1 gramo de proteína animal con proteína de soja puede
disminuir los requerimientos dietéticos de calcio en tanto como
10 mg [69-72]. Ciertamente que éste no es un efecto insignificante,
en virtud de que apenas el 30% de las mujeres norteamericanas consumen
menos del 50% de los requerimientos dietéticos recomendados [73].
Sin embargo, existen debates acerca de la relevancia a largo plazo de
la acción hipercalciúrica de la proteína sobre
la salud ósea en virtud de la capacidad potencial del cuerpo
para adaptarse a estos efectos con el tiempo. Además, los efectos
de la proteína pueden depender, en cierto grado, de la cantidad
ingerida de calcio. Con ingresos bajos de calcio, la proteína
puede comprometer la salud ósea debido a su efecto hipercalciúrico.
Cuando el ingreso de calcio es adecuada, los efectos de la proteína
como promotor de la formación de tejido óseo pueden ser
más importantes. Finalmente, un reciente estudio (aún
inédito) falló en demostrar diferencias entre las proteínas
de las carnes y la proteína de soja en la excreción de
calcio.
Vistas en conjunto, las evidencias sugieren que la proteína de
soja y las isoflavonas de soja pueden jugar un papel favorable en la
salud ósea. Además, muchos alimentos elaborados con soja,
tales como el tofu y la leche de soja fortificada son fuentes excelentes
de calcio bien absorbido. No obstante, se necesitan estudios a largo
plazo para evaluar verazmente el efecto de la proteína de soja
rica en isoflavonas sobre la salud ósea.
Cáncer.
La soja empezó a ser objeto de atención por sus posibles
efectos anticancerígenos en 1990, cuando el Instituto Nacional
del Cáncer (NCI de sus siglas en inglés) de los Estados
Unidos expresó por primera vez su interés en esta área
de investigación [74]. El NCI continúa activo en este
campo, y actualmente está financiando ensayos clínicos
de fases I y II con constituyentes de la soja y el frijol de soja [75].
En 1998, la Sección de Quimioprevención del NCI juzgó
que la genisteína, la isoflavona más importante en el
frijol de soja, era un agente quimiopreventivo clave [76].
Mucha de la investigación anticancerígena se ha enfocado
sobre los cánceres de mama y próstata, en gran parte debida
a las bajas tasas de mortalidad para estos tumores en Asia [77], pero
también porque se ha demostrado que las isoflavonas ejercen efecto
antiestrogénico bajo determinadas condiciones experimentales
[78]. Esto ofrece un mecanismo posible para la protección contra
las neoplasias hormona-dependientes [79]. Sin embargo, in vitro, la
genisteína inhibe el crecimiento de una amplia gama de células
cancerosas, incluyendo aquellas que no son hormona-dependientes. Esto
sugiere que los efectos anticancerígenos de la soja puede que
no esté limitada a estas dos formas de cáncer [22].
Cáncer de Mama.
De forma general, los estudios animales indican que la adición
de soja o isoflavonas a una dieta estándar de laboratorio disminuye
la carcinogénesis de los tumores mamarios en un 25 - 50% [80,
81] y el crecimiento tumoral en roedores en los que se implantan células
de cáncer de mama [82]. Sin embargo, en contraste con estos resultados,
los datos epidemiológicos no son tan concluyentes de la hipótesis
de que el consumo de soja por un adulto protege del cáncer de
mama, especialmente en el cáncer de mama después de la
menopausia [83, 84]. Asimismo, los estudios clínicos a corto
plazo que han examinado el impacto de las isoflavonas sobre los marcadores
de riesgo de cáncer de mama, tales como los niveles hormonales
séricos, la densidad del tejido mamario, aspirados de secreción
líquida por el pezón, y los niveles de pS2, han producido
resultados contradictorios [85].
En constraste con lo anterior, existen evidencias que sugieren que
el consumo de soja en las edades tempranas de la vida reduce substancialmente
el riesgo de cáncer de mama en etapas tardías. De forma
cada vez creciente, se reconoce que los eventos que ocurren en las edades
tempranas de la vida tienen una profunda influencia sobre el riesgo
de cáncer de mama [86-88]. Una teoría es que la diferenciación
temprana de las células progenitoras en células mamarias
maduras protege contra desarrollo posterior del cáncer de mama,
ya que es menos probable que las células maduras se transformen
en células cancerosas [89]. Aunque es todavía especulativo,
tanto los estudios animales como los epidemiológicos sugieren
que la soja induce diferenciación de las células progenitoras
de la mama.
Los investigadores de la Universidad de Alabama han demostrado que
la exposición de las ratas a la genisteína a través
de la dieta o mediante inyección durante períodos tan
breves como una semana, durante las etapas perinatal o prepuberal, reduce
el cáncer de mama inducido químicamente en tanto como
un 50% durante la adultez [90]. Es más, estos investigadores
han demostrado que la genisteína inhibe el cáncer mamario
al administrársela a animales adultos solamente cuando se les
administró por primera vez cuando eran jóvenes. La proteína
de soja parece tener un efecto similar al de la genisteína aislada
[91].
Dos estudios epidemiológicos apoyan estos hallazgos en animales.
Uno es un gran estudio chino caso-control que reunió a aproximadamente
1500 casos y 1500 controles [92]. Las mujeres chinas que consumieron
como promedio aproximadamente 11 g diarios de proteína de soja
entre las edades de 13 y 15 años fueron 50% menos propensas a
desarrollar cáncer de mama, cuando se compararon con las mujeres
chinas que consumieron poca soja durante la adolescencia. El consumo
de soja durante la adultez no afectó estos resultados. En un
estudio norteamericano que involucró a mujeres asiático-norteamericanas,
Wu y cols. encontraron que el consumo de soja durante toda la vida,
pero no así durante la adultez, estaba asociado con un reducción
en un tercio del riesgo de cáncer de mama [93]. Así, la
ingestión temprana de soja parece ser la llave para la protección.
Se han expresado algunas preocupaciones acerca de la capacidad potencial
de las isoflavonas para estimular el crecimiento de las células
cancerosas que expresan receptores a estrógenos en las mujeres
con cáncer de mama. Algunas organizaciones han emitido declaraciones
cautelosas. Ciertamente, esta área de investigación es
muy controvertida, pero una reciente y abarcadora revisión de
este tema concluyó que los datos eran insuficientes para recomendar
que las mujeres con cáncer de mama se abstuvieran de consumir
soja [85]. En apoyo de esta conclusión se tienen hallazgos epidemiológicos
recientes, y los resultados de la Iniciativa de Salud para las Mujeres,
que sugieren que la combinación de estrógenos y progesterona,
y no de estrógenos por sí sólo, es la que incrementa
el riesgo de cáncer de mama [57, 94]. La soja no posee actividad
progestágena [95].
Cáncer de Próstata.
La Sociedad (Norte)Americana de Cáncer en su sitio web, incluye
el consumo de alimentos elaborados con soja como uno de los 7 pasos
para reducir el riesgo de cáncer de próstata. También,
el Grupo de Estudio del Consejo Internacional de la Salud de la Próstata
concluyó que las isoflavonas retrasan la progesión del
cáncer de próstata latente, la forma clínicamente
irrelevante de esta enfermedad, hacia las formas más avanzadas
y agresivas del cáncer de próstata [96]. Ya que el cáncer
de próstata es mayormente una enfermedad de sujetos ancianos,
y los tumores de próstata son generalmente de lento crecimiento,
retrasar la aparición del tumor y/o enlentecer el crecimiento
del tumor, aunque sea ligeramente, pueden tener un impacto profundo
impacto sobre la mortalidad por el cáncer de próstata.
La mayor parte de los estudios en animales han demostrado que la proteína
de soja rica en isoflavonas y las isoflavonas aisladas inhiben significativamente
el cáncer de próstata inducido químicamente, y
el cáncer iniciado por la implantación de células
de cáncer de próstata [97-101]. Se han realizado algunos
estudios epidemiológicos que examinaron el impacto del consumo
de soja sobre el riesgo de cáncer de próstata, y la mayoría
de estos estudios tienen errores metodológicamente importantes,
porque no fueron diseñados primariamente para observar la relación
entre el consumo de soja y el riesgo de cáncer de próstata.
Dos estudios prospectivos frecuentemente citados, uno que involucró
a japoneses en Hawaii [102], y el otro a Adventistas del Séptimo
Día en California [103], sí encontraron que el consumo
de aproximadamente 1 - 2 porciones diarias de soja, tofu en el primero
y leche de soja en el segundo, se asoció con una reducción
en 65 - 70% del riesgo de desarrollar cáncer de próstata.
Similarmente, en un estudio chino de caso-control, Lee y cols. encontraron
recientemente que la razón de disparidades (OR de las siglas
en inglés. Nota del Editor) para el cáncer de próstata
en hombres en el tercer tercil del consumo de tofu fue de 0.51 (I.C.
95%, 0.28-0.95) [104]. Ciertamente, la magnitud de estos efectos es
llamativo, pero en los estudios prospectivos, números pequeños
de hombres en realidad desarrollaron cáncer de próstata
y ninguno de estos estudios reportó el consumo total de soja.
Cuatro estudios han examinado el impacto de tanto la soja como las
isoflavonas sobre los niveles séricos del Antígeno Prostático
Específico (PSA de sus siglas en inglés. Nota del Editor),
un indicador del cáncer de próstata. Tres de los 4 estudios
no encontraron efectos, pero todos ellos fueron estudios a corto plazo
[105-107]. En contraste, están los resultados de un estudio piloto
de 6 meses de duración que reunió a 41 pacientes de cáncer
de próstata, quienes habían recibido el tratamiento médico
convencional sin mucho éxito [108]. Después de consumir
120 mg diarios de isoflavonas aisladas (el consumo diario promedio del
japonés es de alrededor de 40 mg), la tasa de incremento en los
niveles séricos del PSA disminuyó significativamente en
el 50 - 70% de los hombres. Estos resultados son ciertamente alentadores,
si se considera que este es un grupo de hombres en los que probablemente
no se esperaría ningún efecto.
Los mecanismos por los que la soja puede disminuir el riesgo del cáncer
de próstata son todavía oscuros. Algunos ensayos clínicos
a corto plazo han examinado el impacto de la soja sobre los niveles
séricos de testosterona, pero (a excepción de uno de ellos)
no se ha observado ningún efecto [109-111]. En este único
estudio, los niveles séricos de testosterona disminuyeron, pero
sólo en un 6%; es más, los resultados fueron comparables
con los valores basales, pero no con los cambios en el grupo control
[112]. Existen muchos mecanismos no-hormonales potenciales por los cuales
la soja puede reducir el reisgo de cáncer de próstata
[113, 114].
Conclusiones.
Los alimentos elaborados están siendo objeto de una intensa
investigación por sus potenciales roles en reducir el riesgo
de varias enfermedades crónicas. Si bien el frijol de soja contiene
varios compuestos bioactivos, como la mayoría de los demás
alimentos, gran parte del interés ha sido sobre los efectos fisiológicos
de las isoflavonas y de la proteína de soja. El frijol de soja
es esencialmente una fuente dietética natural única de
isoflavonas. Las evidencias sugieren que tanto la proteína de
soja como las isoflavonas ejercen efectos beneficiosos sobre los vasos
coronarios y el esqueleto. Muchas de las evidencias apuntan hacia las
isoflavonas como los anticancerígenos putativos en los alimentos
elaborados con soja [115].
La FDA concluyó que son necesarios 25 g de proteína de
soja diarios para la reducción del colesterol, aunque existen
evidencias que cantidades menores de 25 gramos pueden ser hipocolesteromiantes
[13]. Sin embargo, las evidencias sugieren que una recomendación
razonable para que el adulto saludable en general disfrute de los beneficios
hipotetizados de la soja sobre la salud es de 15 g diarios de proteína
de soja, y 50 mg diarios de isoflavonas [116]. Dos porciones (aproximadamente)
de los alimentos elaborados con soja tradicionales proveen estas cantidades
de proteína de soja e isoflavonas. Debido a que el procesamiento
industrial causa una pérdida variable de isoflavonas, los productos
elaborados en el Occidente con proteína de soja (tales como el
aislado de proteína de soja) contienen generalmente entre 1-2
mg de isoflavonas por gramo de proteína. Por lo tanto, para obtener
50 mg de isoflavonas a partir de los alimentos elaborados con soja en
el Occidente puede que sea necesario consumir más de 15 gramos
de proteína de soja.
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