¿Un
día sin computadoras?
Una
vez más, antes de entrar en materia, quiero disculparme con mis
fieles seguidores y lectores (que son muchos más de lo que yo
realmente anticipé en algún momento), por no haber actualizado
la Columna a su debido tiempo. Si existe una excusa para ello, puede
ser la de mi involucramiento en la organización del próximo
IV Congreso de Nutrición Clínica, y el relanzamiento de
la Revista Cubana de Alimentación y Nutrición, empeños
ambos que me han tomado tiempo, energías, y la necesaria paz
mental para hilvanar algunas ideas sobre algún tema de actualidad.
Dicho esto, pasamos a lo que nos ocupa.
Este
Editorial ha sido motivado por el reciente anuncio en un espacio informativo
de la Televisión Cubana de la celebración el venidero
24 de Marzo de un Día Mundial sin Computadoras, para mostrar
cuán lejos ha llegado nuestra dependencia de tales artefactos
(y cito casi textualmente). Lo aplastante de tal aseveración
(y la arrogancia escondida en ella), me han dado el pie forzado para
estas líneas.
Ciertamente,
la computadora ha sido un invento que ha revolucionado el mundo, pero
no en este momento actual, mal que le pese a los detractores de la misma.
Desde siempre el hombre ha querido automatizar tareas tenidas como rutinarias,
repetitivas, o poco atractivas, entre ellas, las de hacer operaciones
numéricas complejas, llevar cálculos contables y financieros
de las organizaciones, controlar inventarios de activos y pasivos, o
guardar volúmenes masivos de datos. La computadora es pues la
lógica culminación de un proceso de pensamiento y actuación
que se inició en el Siglo XIX con Charles Babbage y Augusta Ada
Byron, Condesa de Lovelace, hija del mismísimo Lord Byron. La
construcción de la primera computadora funcional, la famosa ENIAC,
en la década de los '50 del Siglo XX, significó la integración
exitosa de la tecnología electrónica y la elaboración
de los lenguajes necesarios para poder interactuar con estas nuevas
máquinas.
No
obstante, a pesar de todo lo anterior, ¿qué distingue
el momento actual de los mencionados anteriormente? En que la computadora
se ha hecho liviana, asequible, barata y poderosa, y ha entrado en todos
los aspectos de nuestra vida cotidiana, desde la comunicación
con nuestros amigos y familiares, la preparación de conferencias
y presentaciones en congresos y reuniones, y la manipulación
de nuestros ahorros y fondos. Esto se debe, en primer lugar, a la llegada
del circuito impreso y la microminiaturización de los componentes
electrónicos, lo que ha permitido la reducción del tamaño
de las computadoras, la producción en masa, y el abaratamiento
de los costos de producción, y en segundo lugar, a la creación
de poderosos sistemas operativos e interfases gráficas orientadas
al usuario, que nos permiten manipular estos equipos a nuestro antojo.
La vuelta definitiva y última de la espiral del desarrollo computacional
ocurrió hace escasamente 20 años, cuando la IBM anunció
la salida de su primera PC 8088 con un microprocesador Intel, 640 Kb
de memoria operativa, lectores de disco de 5.25 pulgadas, y un disco
duro de 20 Mb (¿se acuerdan?).
Sin
embargo, lo hasta aquí expuesto no ha hecho sino tocar la epidermis
del asunto: ¿por qué casi se nos obliga a participar en
un día sin computadoras? Las respuestas a esta pregunta habrían
que buscarlas en el subconsciente colectivo del hombre, y su relación
de odio-amor con las máquinas.
Recuerdo
cuando me enseñaban en la escuela la irrupción de la Revolución
Industrial en la Inglaterra de finales del Siglo XVIII que la reacción
inicial de los mineros y los trabajadores de las hilanderías
y textilerías ante la llegada de los telares mecánicos
y las excavadoras mecánicas era la de destruirlas para evitar
que les robaran puestos de trabajo, y con ello, salarios. En una sociedad
altamente manualizada, ello significaría la inmediata pobreza
de los operarios. Este movimiento destructivo incluso fue denominado
como "luddita", en recordación de un obrero de nombre
Ned Lud, que se distinguió en la destrucción de las máquinas
que percibía como sus enemigas.
Pero
el movimiento luddita puede tener sus antecedentes más primigenios
en la reacción de la Iglesia Católica ante la invención
de la imprenta y los tipos móviles por el alemán Guttenberg.
Puesta de frente ante un evento radical, que le quitaría el control
total sobre el conocimiento (la base misma del control sobre toda la
sociedad), la Iglesia excomulgó a Guttenberg y a todos los impresores
de la época, declaró como obra del Diablo los libros salidos
del taller del industrioso alemán, y reafirmó su control
exclusivo e indisputado sobre la letra escrita.
A pesar
del tiempo transcurrido, rezagos de estas formas de pensar y actuar
perviven en nosotros. Muchos nos quejamos ante las demandas de hardware
de los programas actuales, la casi obligada necesidad de renovar nuestros
equipos en plazos de tiempo cada vez más cortos, y los precios
de las actualizaciones. Otros despotrican contra los costos de los programas
originales, las licencias para usarlos, y la imposibilidad de poderlos
"piratear". Se ha llegado incluso a acusar a Bill Gates (un
nombre ya indispensable en la historia de la Humanidad) por prácticas
monopolistas debido a que Windows está presente como sistema
operativo en más del 90% de las computadoras del mundo, ignorando
que prácticamente le entregamos la responsabilidad a Microsoft
de producir todos los programas de computación que hicieran falta,
sin parar mientes en lo que ello significaría a largo plazo (luego,
sería más políticamente correcto decir que se celebrará
un Día sin Windows, o sin Microsoft, como una forma de recordarle
a Gates que, más que interesarse en las utilidades fiscales de
su empresa, debería tener en cuenta los intereses de los usuarios
finales de sus creaciones).
¿Y
cuán relevante es todo lo anteriormente dicho para nosotros,
los cubanos en general, y los nutricionistas en particular? Para los
olvidadizos, hay que recordar que nuestro país impulsa un ambicioso
y abarcador programa de enseñanza y aprendizaje de las técnicas
de computación, del que los Jóvenes Clubs de Computación
representan la imagen más publicitada; que el Ministerio de la
Informática y las Comunicaciones ha colocado estaciones de correo
electrónico y acceso a Internet en todas las unidades de correo
del país, que muchos de nosotros ya utilizamos ATM (o cajeros
automáticos) para cobrar nuestros salarios, y que se ha inaugurado
una Universidad de las Ciencias Informáticas en una antigua base
militar extranjera para impulsar aún más el desarrollo
de la Computación en nuestro país, y dotarlo de las herramientas
y aplicaciones que sean necesarias en la educación y la salud
como sectores priorizados.
Como
nutricionistas, impulsamos programas de intervención en nuestras
esferas de desempeño en los que la Computación juega un
papel fundamental, como medio de almacenar datos sobre nuestros pacientes,
realizar cálculos complejos, pronósticos y predicciones,
registrar las incidencias ocurridas durante el tratamiento y seguimiento
de los enfermos, preparar informes estadísticos, y diseminar
el conocimiento generado de nuestra actividad.
Luego,
pregúntese usted mismo, querido lector, si es posible pasar un
día sin acceder al correo electrónico, despachar la correspondencia,
buscar un artículo en MEDLINE, preparar un informe, una conferencia,
o una presentación, o esperar 24 horas para cobrar nuestros salarios.
Espero que les
sea útil.
Con mis mejores afectos,
Dr. Sergio Santana Porbén.
El Editor.
Envíe sus comentarios
y opiniones a la dirección de correo electrónico: gan@hha.sld.cu
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Fecha de Ultima Actualización: Miércoles, 14 de Marzo
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