Algunas reflexiones
sobre la Investigación en Nutrición Clínica.
Antes de presentarles el
Editorial de esta Edición, quiero agradecer a mis fieles lectores
por la cálida acogida que le han dado a esta Sección,
y disculparme por haber estado alejado un tiempo de mis deberes como
Editor. Los consabidos imponderables técnicos del mundo digital
en el que hoy estamos sumergidos han sido responsables de ello, al menos
en una parte importante.
También he estado
ocupado en la conducción de otras tareas y proyectos personales,
cual de ellos más urgente, y ello me ha quitado el tiempo y el
espacio que se requieren para organizar y colocar las ideas en un Editorial.
Precisamente una de esas tareas concierne a la creación y puesta
en marcha de la Comisión de Investigaciones de la Sociedad Cubana
de Nutrición Clínica, en respuesta a una petición
de la Junta Directiva de la misma. Y esto es precisamente lo que me
ha impulsado a ofrecerles en esta ocasión mi visión personal
de cómo articular el trabajo investigativo en una especialidad
tan abarcadora e inclusiva como la nuestra.
Para empezar, les diré
que lo primero que debe hacerse es identificar bien el área de
nuestro interés, a fin de concentrar nuestros esfuerzos y recursos,
y proponernos metas realistas de alcanzar. No se descubre el agua tibia
si se dice que la Nutrición está involucrada en todas
las esferas de la actividad médica, por cuanto es el sustento
mismo de la vida. Se corre el riesgo de equivocar el rumbo y perder
tiempo y recursos (que bastante escasos son) en perseguir intereses
que a la larga son estériles.
Una vez identificada el área
de interés, es necesario elaborar un estudio diagnóstico
de la repercusión de la desnutrición en los resultados
últimos de la intervención médico-quirúrgica.
Para citar un ejemplo: la estenosis pilórica como complicación
de la enfermedad ulcerosa crónica es un evento que atenta contra
el estado nutricional del paciente, al impedirle alimentarse por la
boca, como es natural que ocurra. Las soluciones terápéuticas
pueden abarcar desde un enfoque conservador, puramente médico,
hasta la acción quirúrgica, cualquiera que sea la opción
a la que se recurra dentro de las descritas en los libros de Cirugía.
En cualquier caso, el apoyo nutricional cobra una importancia fundamental:
instalado tardíamente, puede amenazar el éxito posterior
de la conducta quirúrgica; la adopción temprana de conductas
injustificadamente agresivas puede que resulte en más complicaciones
que beneficios. En cualquier caso, se debe establecer el estado nutricional
inicial del paciente, la conducta seguida, los eventos en la evolución
natural de la situación actual de salud-enfermedad del paciente
(sepsis/dehiscencias de suturas/peritonitis/desórdenes metabólicos),
y el resultado último de la intervención médico-quirúrgica
(mortalidad).
Una vez establecida la influencia
del estado nutricional, debemos elaborar un plan de intervención.
El 80% del éxito resultará de la adopción de medidas
sencillas y al alcance de todos (si honramos la Ley de Pareto): una
evaluación nutricional temprana, la instalación de esquemas
de Nutrición Parenteral Periférica con soluciones de baja
osmolaridad, que en dependencia del estado nutricional y los resultados
de la evaluación nutricional pudieran escalarse hasta uno de
Nutrición Parenteral Central y Completa, y el monitoreo constante
de la reapertura de la vía oral, pudieran ser algunas de las
nuevas opciones en el ejemplo que nos ocupa que podrían traducirse
en un éxito inmediato, con un impacto notable sobre la evolución
natural del paciente.
No obstante, el 20% restante
del éxito nos obligaría a romper esquemas tradicionales,
e ir en contra de la corriente. Si todas las acciones conservativas
emprendidas no han servido para preservar el estado nutricional del
paciente, y no se avizora que se pueda reabrir la vía oral en
un tiempo prudencial, ¿no sería el momento de correr la
última milla en el abordaje de la vía enteral para evitar
los trastornos asociados a un tracto gastrointestinal en desuso?.
Nuevamente, hay que registrar
la evolución del paciente en la nueva carrilera de tratamiento,
para al final evaluar la efectividad de las diferentes alternativas
de tratamiento seguidas y sacar las pertinentes conclusiones. Si la
colocación temprana de vías artificiales de acceso al
tracto gastrointestinal en pacientes seleccionados se asocia con una
baja tasa de complicaciones y mortalidad, menor estadía hospitalaria
y un menor consumo de recursos, entonces debe convertirse en parte del
arsenal terapéutico.
Como ven, no es una tarea
simple, pero tampoco tan onerosa. Al fin y al cabo, y por propio mandato
de nuestra profesión, estamos obligados a evaluar constantemente
la calidad de nuestra actuación como integrantes de los equipos
básicos de salud, y presentar públicamente estos resultados
(revistas/tesis/ conferencias/presentaciones en congresos) para el escrutinio
por nuestros pares.
El tema no queda agotado
aquí, y les invito a que me escriban con sus opiniones y sugerencias,
a fin de proseguir este debate. Nos lo agradecerán nuestros pacientes.
Espero que les sea útil.
Con mis mejores afectos,
Dr. Sergio Santana Porbén.
El Editor.
Envíe sus comentarios
y opiniones a la dirección de correo electrónico: gan@hha.sld.cu
2004 © Sociedad Cubana de Nutrición Clínica
Fecha de Ultima Actualización: Sábado 20 de Marzo del
2004.