De
la Medicina y la Nutrición, la política y el fútbol,
y otras pasiones: La Argentina vista con los ojos del Caribe.
No acostumbro a relatar mis impresiones sobre los países y lugares
que la fortuna me ha permitido visitar, por razones de mi propia timidez
y mi deseo de no estimular el pecado de la vanidad. Sin embargo, ahora
estoy dispuesto a hacer una excepción para relatar mis impresiones
después de 30 días de estancia en la Argentina (consumidos
durante el pasado mes de Julio del 2004), y específicamente,
en la ciudad de La Plata.
La paternidad de este proyecto hecho realidad se debe al Dr. Eduardo
Ferraresi, quien ha tenido una participación muy activa en la
Asociación Argentina de Nutrición Parenteral y Enteral
(AANEP), de la que en su momento fue Presidente durante el bienio 2000-2002,
y en la que se desempeña actualmente como Vocal, y en la Federación
Latinoamericana de Nutrición Parenteral y Enteral (FELANPE),
en la que fungió como Vicepresidente para la América del
Sur durante el período 2001-2003.
Al Dr. Ferraresi me unen lazos de amistad desde que nos conocimos en
1999, en ocasión de nuestro primer Congreso de Nutrición
Clínica. De este primer encuentro salió el proyecto de
insertar especialistas cubanos en la dinámica de la Terapia Nutricional
en centros hospitalarios de la Argentina, y así, iniciar un camino
de intercambio de ideas y experiencias.
Tropiezos más, tropiezos menos, el proyecto se materializó
finalmente con mi presencia en La Plata durante todo el mes de Julio
del 2004.
Mis expectativas relativas a esta visita de intercambio eran varias,
ambiciosas y simultáneas. En primer lugar, contrastar mis experiencias
como médico nutricionista con las de mis colegas argentinos,
observar cómo se organiza la dinámica de los servicios
de Terapia Nutricional en los hospitales por visitar, y aprender cómo
se solucionan localmente los mil y unos problemas que se originan en
la provisión de cuidados nutricionales a los pacientes necesitados.
En segundo lugar, vivir la inenarrable experiencia humana que significa
convivir con familias argentinas actuales, y en tercer lugar, asomarme
a la realidad que vive la Argentina en un momento histórico único.
La Argentina ha tenido siempre un lugar privilegiado en la imaginería
popular cubana. Baste hacer notar que Carlos Gardel es reverenciado
en Cuba con un fervor que sorprendería a muchos porteños.
En muchos lugares de la isla existen Casas del Tango dedicadas a mantener
vivos estos aires, y siempre han existido excelentes cultores cubanos
del tango (entre ellos, la inigualable Berta Pernas). El público
cubano ha sido siempre un adicto al cine argentino, desde las comedias
de las hermanas Legrand, Niní Marshall, Juan Carlos Thorry y
Luis Sandrini, pasando por Jorge Porcell y Alberto Olmedo, hasta llegar
al Nuevo Cine Argentino, que con tanta ilusión es aguardado por
los cinéfilos locales en cada edición del Festival de
Cine Latinoamericano de La Habana.
Para los hinchas deportivos, la Argentina es la tierra del fútbol,
las carreras de autos y el boxeo, de Fangio (1), Firpo (2) y Maradona
(3). Pero el paradigma más relevante de la presencia de la Argentina
entre los cubanos sigue siendo el “Che”: sobrenombre que
identifica, sin necesidad de mayores aclaraciones, al Dr. Ernesto Guevara
de la Serna, médico de formación, guerrillero de profesión,
revolucionario en toda la extensión de la palabra (4).
Los cubanos asistimos, esperanzados, a los esfuerzos del gobierno del
Presidente Néstor Kirschner por revertir una década traumática
para el país y la sociedad (después del fin de la era
de la falsa paridad y muerta la ilusión de construir un país
de rentas, de la aplicación a ultranza de las recetas neoliberales,
del “corralito”, la especulación financiera, la corrupción
política y la inestabilidad social); resolver graves problemas
acumulados (entre ellos, el desempleo, la delincuencia, la pérdida
del poder adquisitivo de la moneda nacional), y reactivar la economía
nacional. Cuba se ha mostrado solidaria con la postura del Gobierno
Kirschner de no ceder ante las exigencias del Fondo Monetario Internacional
de incrementar los pagos de la abultada deuda externa, a fin de no sacrificar
la incipiente recuperación económica del país.
En este contexto, inicié mi estancia en La Plata.
La agenda programada incluía estancias en los hospitales interzonales
generales “Sor Ludovica María” (dedicado a la atención
pediátrica), y “José de San Martín”
(encargado de la atención a adultos), además de visitas
a otras instituciones de salud radicadas en la vecina Buenos Aires.
El Hospital de Niños “Sor Ludovica María”
es un centro de asistencia terciaria que recibe pacientes de todos los
rincones de la República para diagnóstico, tratamiento
y seguimiento. El Servicio de Terapia Nutricional, dirigido por la Dra.
Adriana Fernández (una autoridad regional en Fibrosis quística),
cuenta con una sala de internamiento donde se atienden las necesidades
nutricionales de los niños en ella ingresados, pero, además,
se dedica a identificar y tratar niños necesitados de apoyo nutricional
en toda la institución.
El Servicio cuenta con una vasta experiencia en el tratamiento del
Síndrome de Intestino Corto, y mantiene esquemas de Nutrición
Parenteral a Domicilio, gracias a una Unidad de Mezclas Parenterales
ubicada en la Farmacia del propio Hospital. Para los médicos
de Servicio, la Nutrición Parenteral constituye una herramienta
insustituible para el aseguramiento de los ritmos normales de crecimiento
y desarrollo de los niños que han sufrido resecciones intestinales
masivas, y que se encuentran en distintas fases de adaptación
intestinal, y de otros con diversas discapacidades digestivas.
En fin, la estancia en el Servicio de Terapia Nutricional del Hospital
de Niños fue para mí, un médico verticalizado en
la atención de pacientes adultos, muy instructiva y gratificante.
La rotación por el Hospital San Martín representó
otra visión, diferente y a la vez complementaria, de la práctica
de la Terapia Nutricional. En este Hospital me inserté en la
Unidad de Soporte Nutricional, establecida recientemente gracias a los
esfuerzos de los Dres. Juan Carlos Gómez, Adriana Crivelli, y
otros entusiastas colegas. El Servicio cubre las necesidades de apoyo
nutricional de los pacientes atendidos en la institución, pero
además, y pienso que es lo más importante, funciona como
un centro de referencia para el estudio de la enfermedad celíaca.
En efecto, mi estancia en el Hospital San Martín me sirvió
para asomarme a la realidad que significa esta afección, y de
la que tenía una visión un tanto estereotipada. Según
encuestas de prevalencia hechas en sujetos aparentemente sanos, en los
que se determinaron la presencia de anticuerpos específicos como
parte de un chequeo prenupcial, la frecuencia de celíacos pudiera
ser de 1:167. Si no es tratada adecuadamente, la enfermedad celíaca
puede causar desde diarreas, trastornos de mala absorción intestinal
y desnutrición (tal vez la forma clínica de presentación
más frecuente), hasta anemia e infertilidad. El tratamiento es,
por demás, bastante sencillo (aparentemente): retirar de la dieta
regular del paciente el pan y todos los productos elaborados con harina
de trigo y otros cereales que puedan contener gluten. Y cabría
preguntarse: ¿Por qué un alimento tenido como universal
puede causar una enfermedad tan devastadora?
Otra área que me resultó de mucho interés fue
la atención a la enfermedad renal crónica. En los últimos
años he estado muy activo investigando las relaciones entre la
insuficiencia renal crónica, la terapia dialítica y la
desnutrición, y cuyos resultados habrán de aparecer en
un próximo número "Nutrición Hospitalaria",
la revista de la Sociedad Española de Nutrición Parenteral
y Enteral. Fui particularmente afortunado de visitar sendos de Servicios
de Hemodiálisis: el uno en el propio Hospital San Martín,
y el otro, en el Hospital Español de La Plata, siempre de la
mano de la Dra. Miriam del Amo. En ambos servicios ella y sus colegas
me explicaron, con lujo de detalles, la dinámica de la atención
a los pacientes con insuficiencia renal crónica. Cabe decir que
la prestación de terapias dialíticas en la República
Argentina está regulada legalmente, lo que crea un marco jurídico
y normativo excepcional a la hora de abordar el cuidado del paciente
con IRC en diálisis. Me quedé muy impresionado por la
profesionalidad y dedicación del cuerpo médico y paramédico
que trabaja en estos centros, pero, y lo que es más llamativo,
me satisfizo enormemente oír hablar a los pacientes, mientras
duraban las sesiones de diálisis, sobre la preparación
de diferentes platos de comidas, y cómo se intercambiaban recetas
de cocina entre ellos.
También tuve la oportunidad de visitar la Unidad de Asistencia
Nutricional (UNANUT), fundada y dirigida por los Dres. Ana María
Menéndez y Hugo Montemerlo, especializada en la elaboración
centralizada y despacho de preparaciones farmacéuticas (incluidas
mezclas para Nutrición Parenteral Central) hasta localidades
tan remotas como Ushuaia, la Tierra al Fin del Mundo, a 3,000 kilómetros
de la ciudad de Buenos Aires.
Pero todo no fue discurrir sobre Medicina y Nutrición. También
hube de participar en la vida cultural de La Plata, al permitírseme
asistir como espectador a sendas funciones de lujo en el Teatro Argentino
de La Plata: una moderna instalación que sustituyó al
antiguo que desapareció en 1977 a causa de un incendio. La primera
de las funciones estuvo dedicada a las artes danzarias, a cargo de la
Compañía de Ballet del propio teatro, y que agradecí
por incluir “Suite de Angeles”: una coreografía de
corte contemporáneo, con música del siempre llorado y
recordado Piazolla, e interpretada en vivo por el Quinteto de la Fundación
que lleva su nombre. La segunda de las funciones constituyó el
estreno de la ópera “Romeo y Julieta”, de Barbier
y Carré, con un elenco maravilloso, y Paula Almerares y Enrique
Folger en los roles protagónicos.
No puedo hablar de mi estancia en La Plata sin mencionar la rivalidad
histórica entre los equipos de fútbol de los clubes de
Gimnasia y Esgrima, y Estudiantes. Esta rivalidad, en muchas dimensiones,
recuerda a la que existía en la Cuba prerrevolucionaria entre
los equipos de pelota Habana y Almendares, y que han heredado en la
actualidad las novenas de Industriales y Santiago. Los clubes, aparte
de ser un espacio para la práctica de deportes, o simplemente
de interacción social, son también un mecanismo de afianzamiento
de la identidad barrial.
El equipo del Club Gimnasia y Esgrima se identifica por el Lobo, tal
vez porque la cancha del club se encuentra en el Bosque de la Ciudad:
un inmenso parque forestal en pleno centro de La Plata (muy parecido
a nuestro Parque Almendares). Los hinchas del Lobo son también
conocidos como “triperos”, por cuanto los primeros en integrar
el club trabajaban acarreando carnes y vísceras en frigoríficos
(de hecho, uno de los presidentes del Club era dueño de frigoríficos).
Por su parte, los hinchas del club Estudiantes, que se reconocen por
un león, son denominados como “pincharratas”, por
cuanto, cuando fundaron el club, lo hicieron en un local infestado de
ratas, a las que tuvieron que eliminar mediante métodos bastante
artesanales. Otra leyenda, más benévola, reza que el nombre
de “pincharratas” se le debe a los estudiantes de Medicina,
núcleo fundacional del club, de los que los "triperos"
se burlaban porque hacían experimentos con ratas de laboratorio.
Como es natural, cada club tiene su propia cancha, donde se reúnen
los hinchas, no importa el tiempo reinante, para alentar y gritarle
a los jugadores, y enfrentarse, en una disputa que no termina nunca,
con sus rivales históricos, y que transforma a La Plata en una
suerte de Verona trasplantada a la América nuestra. Así,
entre puyas y puteadas, los 2 clubes consumen su calendario anual de
enfrentamientos.
En este mes adopté a conciencia los códigos de la argentinidad:
“la argentinidad al palo”, como dice Bersuit Vergarabat
(“Allí donde fueres haz lo que vieres”). Tomé
mate hasta abrasarme la lengua y el paladar, me hice hincha del Gimnasia
y Esgrima (como es el club del anfitrión, pues nobleza obliga),
tomé el micro (que para nosotros los cubanos sería igual
a coger la guagua, pero que no significa lo mismo para los argentinos),
me hice experto en carnes, asados y bifes de chorizo, sufrí y
padecí con los avatares de la selección nacional de fútbol
durante la Copa América-2004, sintonizaba “La Redonda”
(FM 101.3) para escuchar el chiste mañanero de Julio Lleral,
consumí hasta el delirio los programas de la televisión
nacional: “Caiga quien Caiga”, de Pergolini y sus colaboradores
(no me puedo olvidar la hilarante emisión dedicada al 9 de Julio,
Día de la Independencia), “Los Indomables”, “Intrusos
en la Noche”, y “Televisión Restringida”, con
Fabián Gianolla en un memorable recuento del 30 aniversario de
la muerte de Juan Domingo Perón. Siento defraudar a mis compatriotas
cuando les digo que Florencia Peña (la señora de Robles
en el show “Poné a Francella”, de Telefé)
no está casada con el popular cómico, y que tuvo hace
poco su primer hijo con Mariano Otero, destacado compositor y músico
de jazz. La Peña triunfa ahora con una versión local de
“La niñera”, la serie por la que se identifica a
la norteamericana Fran Dreschner.
Sintetizar en el espacio de esta Crónica tantos conocimientos
adquiridos, tantas nuevas experiencias, tantas emociones, tantas demostraciones
de afecto y cariño, es tarea casi imposible. Ahora comprendo
el barroquismo de muchos de nuestros escritores regionales, porque,
simplemente, las palabras no alcanzan a describir mi estado emocional
cuando abandoné finalmente la tierra argentina, que tan cálida
acogida me brindó.
También comprendo ahora el alcance de la máxima martiana:
“Del Río Bravo a la Patagonia: un solo pueblo”. Nos
unen tantas cosas, algunas de ellas tan sutiles, que siempre encontramos
más puntos de contacto que desavenencias. Lloramos y reímos
con las mismas cosas, cantamos nuestras desgracias (nosotros en tiempo
de bolero, los argentinos en tono de tango), nos mofamos de nuestros
defectos, idolatramos a nuestra madre, creemos en la amistad hasta conferirle
status de consanguinidad, nos deprime hasta lo indecible que nuestro
equipo deportivo favorito pierda, hipertrofiamos nuestras virtudes y
minimizamos nuestros defectos, y nos violenta tanto la mentira y la
doblez, la cobardía y la traición, que le hacemos un acto
de repudio (o “escrache”, como se diría por allá)
a quienes la perpetran.
Muchos se me acercaron con muchas dudas e interrogantes sobre Cuba,
pero con muchos deseos de conocer cómo transcurre la vida de
una familia en nuestra cotidianeidad, en circunstancias por demás
excepcionales. Debo reafirmar que en todo momento primó la decencia,
el respeto y el deseo de contrastar e interpretar nuestras realidades
a punto de partida de las del otro, aún cuando las discusiones
fueran acaloradas, y nuestros puntos de vista (epidérmicamente)
irreconciliables.
Espero que les sea útil.
Con mis mejores afectos,
Dr. Sergio Santana Porbén.
El Editor.
Envíe sus comentarios
y opiniones a la dirección de correo electrónico: gan@hha.sld.cu
Notas al pie de la Crónica:
(1) En 1957 Fangio viajó a Cuba para participar en una carrera
de automóviles incluida en el Circuito de La Habana. Un comando
del Movimiento “26 de Julio” lo secuestró a la salida
de un céntrico hotel, en una acción encaminada a atraer
la atención de la prensa local y extranjera sobre los crímenes
de la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959). Batista decidió
que el show siguiera adelante. Uno de los carros inscriptos en la carrera
se proyectó contra la multitud aglomerada en la Avenida del Malecón,
con el saldo de centenares entre muertos y heridos. Desde entonces Fangio
solía decir que el 26 de Julio le había salvado la vida.
La historia ha quedado registrada en la cinta cubano-argentina “Operación
Fangio”-1999, con el actor Dario Grandinetti impersonando al famoso
corredor.
(2) Para los locales Firpo es el “Toro de las Pampas”,
el hombre que habría derrotado a Jack Dempsey, si los periodistas
y árbitros no lo hubieran recogido y lanzado nuevamente a la
lona de donde lo sacó el argentino con un potente derechazo.
(3) Cuba ha acogido al “Pelusa” para que se recupere de
sus adicciones y demonios. En una nota incidental, ya tenemos un descendiente
cubano del extraordinario futbolista. Esperemos que sea igual o mejor
que su padre.
(4) El pueblo cubano retribuyó al Che su generosidad sin límites
cuando decidió sumarse al movimiento insurreccional lidereado
por Fidel Castro Ruz, y la sangre vertida en el empeño (fue herido
gravemente en la garganta en la escaramuza de Alegría de Pío,
a sólo pocos días de desembarcar por Playa Las Coloradas,
provincia de Oriente) con el título de ciudadano cubano por servicios
excepcionales en 1959.
2002 - 2005 © Sociedad Cubana de Nutrición
Clínica
Fecha de Ultima Actualización: Domingo 27 de Febrero del 2005.