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De la enseñanza de la Alimentación y la Nutrición
en la especialidad de Enfermería.
La formación de recursos humanos en la especialidad de Enfermería
en Cuba ha evolucionado según el momento histórico-concreto
por el que ha transitado.En la etapa pre-rrevolucionaria (antes de 1959)
la Enfermería, si bien constituía una carrera que seguían
muchas muchachas y muchachos de todos los estratos sociales, también
se veía como una práctica muy redituable, sobre todo si
se ejercía en clínicas privadas de enorme “prestigio”
donde la salud constituía un verdadero escenario comercial. Ello
no empañaba la actuación de muchos abnegados enfermeros
y enfermeras en los hospitales públicos, menos dotados financiera
y estructuralmente. De todas formas, la demanda de personal era mucho
mayor que el capital humano disponible, y la calificación técnica
podía ser irregular e insuficiente.
Al triunfo de la Revolución, el sector de la salud sufrió
un éxodo masivo de profesionales, técnicos y especialistas.
La Enfermería no fue una excepción: una buena parte de
los enfermero(a)s actuantes en aquel entonces, comprometidos con el
antiguo “status quo”, abandonaron el país llevados
de motivos políticos, económicos e incluso afectivos.
Ante tales eventos, la Dirección del MINSAP en aquellos años
palió el déficit de fuerza especializada de trabajo mediante
la formación de un personal de enfermería con una nueva
proyección filosófico-ideológica: la atención
integral y gratuita del ser humano. Ello demostraría ser decisivo
tanto para asegurar la atención de salud, como para encarar los
nuevos retos que traían consigo los programas de salud que impulsaba
la naciente Revolución.
En el principio, los programas de formación de recursos humanos
en Enfermería se limitaban a preparar un personal que lograra
suplir las ausencias en la prestación de salud en la comunidad
y las salas hospitalarias. Así, aparecieron los asistentes (también
denominados auxiliares) de Enfermería, que incorporaron habilidades
físicas y técnicas necesarias para enfrentar los desafíos
de aquella época singular, y que con los ojos de hoy serían
sorprendentes.
En los años 1970’s se crearon los primeros Institutos
Preuniversitarios de la Salud, con programas metodológicos mucho
más ambiciosos, y un pensamiento directriz más avanzado
e integral. Paralelamente, surgió la carrera de Licenciatura
en Enfermería, a los fines de graduar personal altamente calificado,
y con un mayor nivel de competencia. El programa inicial de la carrera
se extendía por 4 años, e incorporaba materias básicas
similares a las impartidas en la carrera de Medicina. De ahí
que los resultados obtenidos fueron, como regla general, relevantes.
Durante los 1980’s no se emprendieron acciones novedosas, y los
responsables de la formación de enfermero(a)s se dedicaron en
lo fundamental al perfeccionamiento de los programas existentes de formación.
En los 1990’s se lanzó la versión regular diurna
de la carrera de Licenciatura en Enfermería, ahora con una duración
de 5 años. El programa de esta versión incluía
las materias básicas que ya se impartían en la carrera
de Medicina. A mi juicio, este ha sido uno de los mejores programas
de enseñanza de la Enfermería que alguna vez haya puesto
en marcha el MINSAP nuestro, antes de que desapareciera por varios factores
combinados, entre los que se contaron la necesidad de formar rápidamente
enfermeros y enfermeras que cubrieran el déficit existente luego
del lanzamiento del programa del Médico y Enfermero(a) de la
Familia, y la premura en cubrir áreas de salud subpobladas primero,
y la crisis estructural que significó el período especial,
después.
Estas mismas razones determinaron (es más, justificaron) la
puesta en marcha de un Programa de Formación emergente del personal
de enfermería: una idea novedosa que, por un lado, ha arrojado
resultados controversiales, pero que por el otro ha servido para paliar
la situación de crisis existente en el sector.
Llegado el momento actual, resulta alarmante que no existan en los
programas de formación de Enfermería, en cualquiera de
sus salidas (Pregrado/Técnico Medio/ Licenciados) espacios donde
se transmitan al estudiante materiales relacionadas con la Alimentación
y la Nutrición del ser humano. La destacada Florence Nightingale,
a principios del siglo XIX, tenía una asombrosa percepción
de tales asuntos. Casi ciento cincuenta años después,
en la misma medida en que he ido investigando sobre el tema para la
redacción de estas líneas, compruebo que el problema de
la desnutrición hospitalaria sobrepasa las fronteras de nuestros
esfuerzos y espacios geográficos. Investigadores de países
de América Latina, los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión
Europea han examinado este mismo problema. Cabría preguntarse
entonces: ¿Estaremos involucionando (por no decir) retrocediendo
en el terreno de la docencia de la Alimentación y la Nutrición?
El tema, delicado en sí mismo, amerita una reflexión
objetiva, profunda y exhaustiva a la pregunta raigal: ¿En qué
momento sería más oportuno introducir la enseñanza
de la Alimentación y la Nutrición en la formación
de los futuros enfermeros y enfermeras?
A los fines del proceso de revisión técnica de los programas
corrientes de formación en Enfermería, me parece necesario
incluir, en primer lugar, un programa de complementación de estas
materias en el nivel técnico, donde la formación debe
ser lo más integral posible, pero sin recargar el cociente de
aquellos que ingresan en la carrera. En el nivel superior, que se corresponde
con el perfil de salida de la Licenciatura, ahora coexisten 2 modelos
de formación: el instaurado a principios de los 1990’s
para la formación regular, junto con el complementario (léase
emergente) adoptado a finales de la misma década, y que han sido
pensados para graduar el personal necesario en tiempo récord;
incorporar la enseñanza de la Alimentación y la Nutrición
se convierte en un problema digno de análisis, más si
se tiene en cuenta que la enseñanza de la Morfofisiología,
como asignatura básica mediante nuevos paradigmas, se ha convertido
en todo un desafío para el estudiante.
Quedaría por evaluar la posibilidad de un post-básico
en Alimentación y Nutrición. El post-básico siempre
se ha tenido como una modalidad preferencial de formación de
post-grado para los enfermero(a)s que aspiran a especializarse. La idea,
por demás, es muy tentadora, y de ser llevada a la práctica,
serviría como una etapa intermedia de formación y desarrollo
antes de llegar a la Maestría: el máximo nivel de la educación
de post-grado.
Las discusiones sobre la enseñanza de las ciencias de la Alimentación
y la Nutrición, y su inserción orgánica en la carrera
de Enfermería, siempre son atractivas, habida cuenta además
de la necesidad real y objetiva de la puesta en marcha de algún
tipo de programa de enseñanza de temas de Alimentación
y Nutrición en la formación de pregrado del personal de
Enfermería para lograr resultados docentes y educativos tangibles,
duraderos y sostenibles.
Los estudios actuales demuestran el estado de total ignorancia científica
sobre estos temas en las especialidades médicas y paramédicas.
Las elevadas tasas corrientes de desnutrición hospitalaria documentadas
en varias regiones geográficas invitan a meditar sobre cuánto
nos falta por hacer.
Como actor que soy del proceso docente-educativo, en mi condición
de profesor, hago sonar la alarma sobre el estado actual de las cosas.
Es hora de que trabajemos todos juntos en la creación de un programa
integral de formación de recursos humanos de Enfermería
en temas de Alimentación y Nutrición.
Lic. Alberto Anias
Martínez.
Ciudad Habana.
Cuba.
Dirección
de Correo electrónico: Lic. Alberto
Anias Martínez