Inicio
> Columna del Editor
> Editoriales Anteriores
> Editorial180203
> Editorial Invitado
La intervención
nutricional perioperatoria: ¿un problema aún sin resolver?
La intervención
nutricional perioperatoria (INPO) se define, literalmente, como el conjunto
de las acciones alimentarias, nutrimentales y metabólicas que
deben emprenderse en un individuo antes, durante y después de
cualquier acción quirúrgica. Por definición, entonces,
la INPO contempla acciones sobre el paciente quirúrgico que deben
estar integradas armónicamente en los planes diagnósticos
y terapéuticos de los equipos básicos de trabajo de los
Servicios de Cirugía.
Las Ciencias de
la Nutrición experimentaron una expansión verdaderamente
explosiva en los últimos decenios del siglo XX. Todo parece indicar
que esta tendencia se mantendrá en el nuevo siglo. El caudal
de conocimientos acumulados se ha traducido en nuevas tecnologías,
productos y algoritmos de intervención que han invadido todas
las áreas de la práctica médica. A partir de la
comunicación seminal de Dudrick (1967) sobre la factibilidad
del sostén nutricional de una niña que nació con
una atresia intestinal mediante técnicas de Nutrición
Parenteral, el desarrollo tecnológico ha sido continuo. Todo
ello ha resultado en una ampliación de las indicaciones de la
Nutrición Parenteral, la creación de sistemas seguros
de infusión y soluciones parenterales cada vez más específicas,
y una mejor comprensión de su utilidad y seguridad.
La Cirugía
no ha podido evadir este embate tan vigoroso, aunque todavía
persiste una brecha entre la evolución de las técnicas
quirúrgicas (bastaría citar solamente la revolución
que ha significado la Trasplantología y la Cirugía Oncohematológica)
por un lado, y la comprensión de la utilidad de la INPO, por
el otro. El hecho de que en la actualidad la Falla Múltiple de
Organos (FMO) se haya convertido en la principal causa de muerte en
el paciente quirúrgico crítico es un ejemplo de ello.
La hipótesis de la translocación bacteriana como el principal
factor desencadenante de la FMO ha hecho que muchos investigadores abandonen
la percepción clásica del tracto gastrointestinal (TGI)
como un órgano de digestión y absorción para reconocerlo
como uno de los sistemas endocrinos y inmunológicos más
complejos con los que cuenta el ser humano. Las observaciones anotadas
de la insuficiencia de los esquemas actuales de apoyo nutricional del
paciente quirúrgico, y las críticas a la práctica
del "Nils Per Oris" (que en nuestro español no es más
que Nada por Vía Oral) han conducido al concepto de la Nutrición
Enteral Precoz como la vía más efectiva de prevención
de la FMO.
Son múltiples
los estudios que demuestran los beneficios de la Nutrición Enteral
Precoz, y alentadores los resultados observados depués del restablecimiento
de la flora intestinal como el elemento de barrera de defensa contra
la translocasión bacteriana, especialmente en aquellos pacientes
que han recibido altas dosis de antibióticos de amplio espectro
por sufrir infecciones graves.
La rehabilitación
precoz de la vía enteral (incluída la oral) puede atenuar
la respuesta hipercatabólica que sigue a la lesión aguda,
aún cuando los mecanismos que explican estos beneficios no hayan
sido dilucidados totalmente. Probablemente, la preservación de
la masa celular intestinal, la prevención del aumento de la permeabilidad
intestinal a las bacterias y sus toxinas, y el mantenimiento del tejido
linfoide asociado al intestino sean el resultado de cuán temprano
se haya instaurado el régimen de nutrición enteral. Pero,
¿cuán precoz puede ser temprano? Este es un punto polémico,
pero me atrevería a decir que dentro de las primeras 24 horas
siguientes al acto quirúrgico, si se logra previamente la estabilidad
hemodinámica. Este debería un objetivo digno de alcanzar
por todos los cirujanos.
Para muchos de mis
colegas esta recomendación pudiera estar enfrentada con la ocurrencia
del ileo intestinal y la ausencia de ruídos hidroaéreos
que sigue a toda intervención quirúrgica. Una vez más,
numerosos estudios han concluído que la ausencia de ruídos
intestinales en los pacientes críticos se relaciona más
bien con un ileo gástrico y colónico, pero el intestino
delgado conserva intactos su capacidad absortiva y su peristaltismo.
El corolario de estas investigaciones es que se puede emplear la vía
digestiva para nutrir al paciente, sin esperar por la presencia de ruídos
intestinales. La industria médico-farmacéutica ha respondido
al reto de la Nutrición Enteral Precoz con el diseño y
producción de sondas nasoenterales dedicadas y nutrientes enterales
especializados, lo que ha resultado en un uso más racional de
la Nutrición Parenteral.
Tal vez el problema
no sea precisamente cuándo y cómo debe alimentarse/nutrirse
el paciente, sino la iniciativa de considerar la Alimentación
y la Nutrición Enteral y/o Parenteral como necesarias. La Nutrición
Enteral debe ser parte integral de los procedimientos perioperatorios,
y se espera que su iniciación precoz redundará en mejores
logros.
Ahora bien, ¿en
qué momento nos encontramos? A pesar de los avances mencionados,
la gran mayoría de nuestros pacientes
no reinician su alimentación por vía oral hasta que no
se verifica el tránsito intestinal. El período de ayuno
post-operatorio puede superar las 24 horas.
No paramos mientes
en cuán dañino puede ser el ayuno para nuestros pacientes,
nosotros, que en algún momento hemos tenido que pedir a la enfermera
un vaso con un poco de Dextrosa para poder terminar un turno quirúrgico
que se prolongó inesperadamente. ¿Hemos pensado cuánto
tiempo puede estar en ayunas un enfermo que se operará de una
sencilla herniorrafia? Cuando se anuncia: Se opera mañana, se
le indica una dieta líquida desde las 6:00 PM. Una vez operado,
se prescribe: Nada por vía oral. ¿Son justificadas estas
conductas? ¿Cuál es la razón científica
detrás de la suspensión de la vía oral por más
de seis horas durante el preoperatorio? Adoptamos estas prácticas
sin tener realmente una base suficientemente sólida para ello,
de espaldas a la legión de científicos que ocupan su precioso
tiempo redactando y publicando artículos magníficos, que
gozan de inmediata aceptación. De hecho, una importante fuerza
motriz en el avance de las Ciencias de la Nutrición han sido
los propios cirujanos.
Son contadas las
ocasiones en que, en nuestro entorno, nos encontramos a un cirujano
hablar de la Nutrición asociada a una operación, no importa
lo compleja que puede ser. Ello, a pesar de que somos nosotros, los
cirujanos, los que más trastornos causamos en el proceso digestión-absorción.
Algunos cirujanos
se rehúsan a considerar la INPO como un elemento de fuerza en
el éxito de la intervención quirúrgica. Hay otros
que consienten en que la INPO es importante, pero no determinante. Pero
los hay que emiten criterios como éstos:
Siempre he
operado a mis pacientes de esta manera, y no ha pasado nada.
Yo
los opero así y no se me complican.
En los años que tengo como cirujano, siempre me han salido
bien las cosas.
La INPO no es más que otro modernismo.
No creo que sea tan importante alimentar al paciente por la boca,
si en definitiva para eso Dudrick inventó la hiperalimentación
parenteral.
Cosas como éstas me llevan constantemente a hacerme preguntas
a las que contesto, a su vez, con nuevas preguntas: ¿Será
suficiente la campaña de alfabetización nutricional realizada
hasta hoy? ¿Para qué se programan tantos cursos de posgrado,
si al final no aplicamos los conocimientos adquiridos en nuestro quehacer
cotidiano? ¿Es que sólo buscamos papeles para abultar
nuestros expedientes profesionales o acumular créditos? Puede
que esté equivocado, pero la razón de estas actitudes
pudiera ser nuestro temor a romper viejos esquemas al pensar que la
INPO es sólo otra corriente del presente: efímera, pasajera
y volátil, o el no querer enfrentar (y confrontar) a los que
con tanto amor, devoción y respeto nos educaron en el arte del
bisturí, por no herir susceptibilidades.
Para los que piensan
así, les digo que sin lucha de contrarios no hay desarrollo,
que lo nuevo siempre entra en contradicción con lo viejo porque
lo niega (eso sí, creadoramente), y que el futuro siempre tendrá
que ser mejor; Nuestros profesores se sentirán orgullosos algún
día al saber que hemos sido capaces de revolucionar los conceptos
actuales de la práctica quirúrgica con prácticas
científicamente sólidas.
El reto está
claro entonces: los cirujanos debemos comenzar a pensar bioquímica
y metabólicamente si es que queremos seguir siendo una fuerza
esencial en la atención de la salud
Dr. Santos Golvi Rodríguez Legrá.
Especialista de Primer Grado en Cirugía General.
Diplomante en Nutrición Humana y Dietoterapéutica.
Servicio de Cirugía General.
Hospital Clínico-Quirúrgico "Miguel Enríquez".
Agradecimientos:
Este Editorial ha sido elaborado con ideas extraídas de un artículo
en preparación. Agradezco al Dr. Jesús Barreto Penié,
Jefe del Grupo de Apoyo Nutricional del Hospital Clínico-Quirúrgico
"Hermanos Ameijeiras", y al Dr. Sergio Santana Porbén,
Editor del Sitio de la Sociedad Cubana de Nutrición Clínica,
por haberme alentado en su redacción, y por la discusión
creativa del original y su puesta a punto.