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La Mala Nutrición
en Pediatría.
Cuando empleamos
el término de mala nutrición, los profesionales de la
medicina no ligados directamente a las funciones de la Nutrición
clínica o comunitaria piensan con frecuencia en los niños
del Tercer Mundo con desnutrición severa, y en aquellos emaciados
por una enfermedad crónica. Sin embargo, el concepto de mala
nutrición es más amplio, y puede englobar tanto las deficiencias
nutricionales por defecto como por exceso, así como las deficiencias
selectivas de macro y micronutrientes en determinadas situaciones, regiones,
edades, grupos de riesgo, etc.
Desde el punto de
vista fisiológico, la mala nutrición por defecto (desnutrición
proteico-energética), se caracteriza por un estado pluricarencial
donde predomina el déficit proteico y energético, y es
el resultado de una dieta inadecuada en términos de cantidad
y calidad, que no provee al organismo de suficiente proteína,
energía y nutrientes específicos para cubrir las necesidades
corporales para el crecimiento, desarrollo y funcionamiento normales.
La mala nutrición
infantil en los países en vías de desarrollo es una causa
directa de la pobreza. A su vez, la pobreza trae consigo ignorancia,
deficientes condiciones sanitarias, infecciones, diarreas y parasitismo.
Ello puede explicar la alta incidencia de mortalidad y desnutrición
en el niño.
Sin embargo, esta
misma pobreza no permite el conocimiento adecuado acerca de conceptos
claves como alimentación saludable, necesidades alimentarias
y alimentos indispensables, ni tampoco permite el desarrollo de una
cultura social de la familia, y en especial de la mujer, en relación
con estos aspectos. El analfabetismo materno está relacionado
con escasos recursos financieros, deficiente atención prenatal,
el bajo peso al nacer, y una deficiente política de inmunización
de los lactantes. Por ello, en cualquier proyecto para mejorar la nutrición
infantil deberá considerarse, ante todo, la capacitación
familiar, y en particular de las madres, ya que de ello depende que
aún, con una adecuada disponibilidad y accesibilidad de alimentos,
la dieta de los lactantes y niños pequeños no sea saludable,
balanceada ni adecuada.
Pero la desnutrición
proteico-energética no es privativa de ls comunidades desposeídas
del Tercer Mundo. También existen regiones, comunidades o grupos
sociales en los países desarrollados con altos índices
de desnutrición infantil, debido a problemas étnicos,
culturales y socioeconómicos, entre otros.
Si bien la desnutrición
proteico-energética infantil es un grave problema identificado
por las organizaciones internacionales como la OMS, FAO y UNICEF, y
se han realizado programas de intervención en los países
más afectados, la obesidad es otra forma de mala nutrición
cuya incidencia está aumentando rápidamente tanto en países
ricos como pobres, tal vez el resultado de las malas prácticas
nutricionales desde las edades más tempranas. El
aumento del riesgo de padecer enfermedades crónicas no trasmisibles
está ligado a las malas prácticas nutricionales, la obesidad
y los patrones inadecuados de alimentación y salud.
No obstante todo
lo anterior, existe un grupo de niños con alto riesgo de sufrir
desnutrición aguda y que en la práctica médica
diaria no identificamos. Se trata de los niños hospitalizados
por cualquier causa, que en el decursar de su proceso morboso, ya sea
por la propia enfermedad, como por las prácticas asistenciales
inadecuadas (períodos de ayuno prolongados para realizar análisis
complementarios como paso previo a intervenciones quirúrgicas,
anorexia por los cambios en los hábitos alimentarios), sufren
pérdida de peso importante y adquieren deficiencias de macro-
y micronutrientes. Los cambios fisiopatológicos que de ello se
deriva repercuten negativamente en el funcionamiento de órganos
y sistemas: la desnutrición hospitalaria se acompaña de
mayor riesgo de infecciones nosocomiales, deficiente cicatrización
de heridas, dehiscencia de suturas, complicaciones metabólicas,
y por ende, de una mayor estadía hospitalaria, con costos incrementados
por paciente. Es por ello que podemos afirmar que la mala nutrición
es la enfermedad más común en la práctica médica
y la más extendida a todas las regiones del planeta.
Para identificar
al paciente desnutrido, o en riesgo nutricional, es importante, ante
todo, realizar al ingreso una evaluación de su estado nutricional,
de las condiciones sociales, culturales, hábitos en las que se
desenvuelve, y la etapa de la evolución de la enfermedad subyacente,
para intervenir de forma precoz, evitando, o por lo menos disminuyendo,
el riesgo de desnutrición hospitalaria.
La desnutrición
infantil hospitalaria puede prevenirse con un programa de intervención
personalizado para cada institución de salud. Debe establecerse
la prevalencia de desnutrición por los diferentes servicios del
centro, utilizando para ello las herramientas más adecuadas,
como etapa previa en la creación de un grupo de soporte nutricional
integrado por expertos que asesorará en cada caso la estrategia
nutricional a seguir, y que al alta de cada paciente con su familia,
instale un plan de apoyo nutricional para impedir que el paciente haga
una recaída de sus deficiencias nutricionales.
Dra. Virginia Díaz-Argüelles
Escuela Nacional de Salud Pública
Ciudad Habana, Cuba